26 de mayo de 2010

Al mejor postor

La corrupción de cuerpos ministeriales, policiacos y judiciales es el principal obstáculo al establecimiento de un sistema efectivo deprocuración de justicia. En ello coincidieron esta mañana tanto los representantes de organismos sociales como el propio presidente de la República. La sentencia del presidente todavía fue más lejos: si no resolvemos el problema de corrupción en nuestras instituciones, seguirá ocurriendo lo que en muchos casos ocurre: que la justicia quede al mejor postor.

El tema de la corrupción en las instituciones encargadas de la seguridad ciudadana no es nuevo en la agenda. Por años, la opinión pública ha insistido en el grado de penetración de las organizaciones criminales y del narcotráfico, y también en la necesidad de profesionalizar y reformar a los cuerpos policiacos y a las administraciones judiciales. Por ello se creó la Policía Federal y por ello también se reformó el Poder Judicial en los años noventa. Fue también la razón para crear la Secretaría de la Función Pública o la Auditoría Superior de la Federación, que depende del Congreso. Los vicios de la tradición judicial mexicana abrieron la puerta a los juicios orales, y hoy varias entidades de la federación han puesto en marcha reformas en esta materia.

Reconocer un problema, sin embargo, es muy diferente a poder corregirlo. Por años se ha pensado que la corrupción de un sistema se resuelve a través de medidas extraordinarias: los llamados “peces gordos”, la aprobación de una ley de acceso a la información pública, la modernización administrativa, la tala regulatoria, las pruebas de confianza, todas ellas acciones importantes, pero que muestran poca coherencia entre sí y dificultades de implementación muy diversas.

Más que un zar o una comisión anticorrupción, más que poderes o medidas extraordinarias, el país necesita una política de Estado en la materia, una política que facilite la coordinación entre entidades y también entre poderes; una política anticorrupción que ponga énfasis en corregir los lugares donde crece y más daña a los mexicanos: en la salud, en educación, en seguridad, en servicios públicos. Ha llegado el momento de enfrentar a la corrupción como una voraz epidemia, y dejar de pensar que es un atributo de los mexicanos.

Eduardo B.

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