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10 de julio de 2009

De Miguel Ángel a Free School Lane

Y para cerrar el ciclo darwiniano de esta semana, una anécdota desde el Gabinete:

"Al arrancar el año, este 2009 enmarcado por los aniversarios de nacimiento y publicación de Charles Darwin, escribí una pequeña nota sobre la experiencia de vivir las festividades justo en el pueblo donde el naturalista inició su formación. La nota terminaba con un guiño hacia casa: mi forma privada de celebrar la obra del buen Charles sería cargando mis papeles en un morral coyoacanense con una caricatura impresa del prócer en una de sus representaciones más habituales desde el siglo XIX, rodeado de monos.

Hoy, medio año darwiniano atrás, esta por demás irrelevante historia encuentra un divertido epílogo: mi morral coyoacanense se ha convertido en pieza de museo.


En efecto, como parte del Darwin Festival que celebramos esta semana, el Museo Whipple de Historia de la Ciencia inauguró la exposición 'El microscopio de Darwin'. La pieza central de la exposición es, obviamente, el microscopio con el que Darwin famosamente estudió a los percebes y obtuvo sólida evidencia para su teoría sobre la transmutación de las especies. Acompañando el célebre instrumento hay una pequeña pero florida colección de memorabilia darwiniana, morral coyoacanense incluido.

La curadora de la exhibición, mi colega MK, ofreció exponer la improbable pieza al verme con ella en una recepción. Yo, fascinada por el cambiante valor de los objetos al viajar, doné feliz mi morral al honorable Museo Whipple.


Esta creación de algún caricaturista mexicano, cuyo nombre me encantaría saber, vive ya en una vitrina en Free School Lane, Cambridge. Sus vecinos son una moneda conmemorativa de Darwin acuñada por la Real Casa de Moneda; una réplica de la estatua "Mono contemplando un cráneo" de Hugo Rheinhold; una caricatura del XIX titulada 'Una mirada polifacética por vivisección a la jaula de los monos (del jardín zoológico)', que muestra a miembros de la Royal Society, la Royal Academy, el Royal College of Surgeons, y a los directores de distintos diarios londinenses, entre otras personalidades, como ilustrados monos enjaulados; y un par de estatuillas miniatura de Darwin que, cuan matrushka, tienen dentro (¿qué más?) un mono. En la vitrina de al lado viven calcomanías para autos, toallas de cocina, juegos de té y una tentadora colección de cervezas marca 'Darwin'."

Iris M.

8 de julio de 2009

Amphisbaena

Y va una más sobre creaturas insólitas, ahora desde el Gabinete:

"Hace cincuenta horas, en uno de los muchos eventos del Darwin Festival de la universidad, leí el siguiente fragmento ante un variopinto público de creadores literarios:

'Entre las más curiosas serpientes están las Amphisbaenae [...] Son de forma cilíndrica, prácticamente no tienen cuello, y su cola mocha, que no mide más de una pulgada, tiene la misma forma que la cabeza. [El ojo es tan pequeño que es casi imperceptible.] Esta peculiar morfología, aunada al hábito de avanzar retorciéndose hacia atrás y hacia adelante, ha inspirado la fábula de que tienen dos cabezas, una en cada extremo de su cuerpo.'

Hace ciento cincuenta años, esta fascinante descripción salía de la pluma del naturalista británico Henry Walter Bates (1825-1892), quien en 1859 regresaba a Londres después de una estancia de once años en la Amazonia.

Hace poco más de trescientos cincuenta años, la descripción de Bates hubiera encontrado interesante ilustración en la siguiente imagen, publicada en Roma en un compendio de historia natural mexicana.


En cinco horas me gustaría despertar sin sentir que la Amphisbaena sigue sirviendo para describir algunos matices de nuestra realidad política."

Iris M.

7 de julio de 2009

Déjà vu

Hace cincuenta años Augusto Monterroso publicó un cuento en una línea que cobró crudo y renovado significado este domingo:

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."


Iris M.